De primer nivel podemos calificar el concierto que vivimos el pasado 6 de septiembre en el Estadio Akron de Guadalajara, una noche (ya la tercera) que quedará en la memoria de miles de asistentes. Shakira hizo gala de su talento, su carisma y su empoderamiento, confirmando por qué sigue siendo una de las artistas latinas más importantes e influyentes a nivel mundial.
Después de una entrada triunfal con una caminata acompañada de algunos afortunados fans, la cantante colombiana capturó de inmediato la atención del público con una producción visual y musical de gran formato: una pantalla monumental que abarcaba de extremo a extremo el escenario, un cuerpo de bailarines enérgicos que acompañaron cada número y una pasarela que la acercó al público en varias ocasiones, logrando que cada rincón del estadio vibrara con su presencia.
La conexión de Shakira con Guadalajara fue evidente. Entre canción y canción interactuaba con calidez, lanzando un “¡Guadalajara!” que desataba gritos, aplausos y ovaciones. Su energía contagiosa y la manera en que agradecía al público crearon una atmósfera cercana, a pesar de la magnitud del recinto. El público, diverso en edades y estilos, fue un reflejo del alcance generacional que ha tenido la artista a lo largo de más de tres décadas de carrera.


El recorrido musical del setlist fue una verdadera montaña rusa de emociones. Hubo espacio para los temas más recientes, con los que Shakira ha marcado una nueva etapa de su vida artística y personal, canciones cargadas de resiliencia y empoderamiento tras su separación. No faltaron los clásicos que la lanzaron a la fama internacional, como “Estoy aquí” y “Pies descalzos”, que transportaron a muchos a los años noventa, recordando a la Shakira más rockera y alternativa. También hubo momentos íntimos con baladas entrañables como “Antología” y “Día de Enero”, interpretadas con una sensibilidad que puso a corear y suspirar a miles de voces al unísono.
Uno de los detalles más celebrados fueron los arreglos especiales: “Chantaje” tomó un giro inesperado con ritmos de salsa que encendieron la pista y “Ciega, Sordomuda” sorprendió con un toque de mariachi que emocionó especialmente al público tapatío. Estos guiños musicales, pensados para conectar con la ciudad y con la identidad latina, hicieron que la velada resultara aún más única.


Durante poco más de dos horas, Shakira nos llevó de la mano por un espectáculo completo, donde se mezclaron la nostalgia, la fiesta, la fuerza interpretativa y la pasión. Cantamos, bailamos, nos emocionamos y vibramos juntos en un concierto que no solo fue un repaso de éxitos, sino una celebración de la música, la resistencia y la capacidad de reinventarse y estar actualizada.
Reseña: Ana Paula Mck