#Cine La nueva era del Yautja: más corazón que colmillos

Con Depredador: Tierras Salvajes, Dan Trachtenberg vuelve a revitalizar una de las franquicias más icónicas de la ciencia ficción moderna. Esta vez, lo hace desde un ángulo diferente: el de la empatía. Por primera vez en casi cuatro décadas de historia, el Yautja —esa criatura implacable que alguna vez acechó a Arnold Schwarzenegger entre la selva— se convierte en el protagonista absoluto y, más aún, en un ser con conflicto interno y vulnerabilidad.

La cinta se distingue no sólo por ampliar el universo del cazador intergaláctico, sino por humanizarlo sin despojarlo de su naturaleza letal. El joven Dek es un Yautja enojado y a la vez dolido por la muerte de su hermano, que busca redimirse en el planeta Genna, un ecosistema hostil y deslumbrante que parece vivo, donde a cada paso hay una amenaza. Pero lo que en otras entregas habría sido una simple historia de supervivencia se transforma aquí en una reflexión sobre el honor, la soledad y la necesidad de conexión, gracias a su vínculo con Thia, una androide interpretada con brillante sensibilidad y humor por Elle Fanning.

El mayor logro de Trachtenberg radica en mostrar el mundo Yautja desde dentro: su lengua, sus rituales, su jerarquía social y, sobre todo, su capacidad de sentir. Esta exploración del “otro lado” convierte al cazador en un personaje complejo, sin diluir su misticismo. La decisión de hacerlo hablar, de hacerlo pensar, abre una nueva dimensión narrativa para la saga, más cercana al drama épico que al terror de supervivencia.

Visualmente es una obra de potencia sensorial. La fotografía de Jeff Cutter y la música compuesta por Sarah Schachner y Benjamin Wallfisch crean una atmósfera tribal y tecnológica a la vez, en la que el diseño sonoro se convierte en una extensión emocional del protagonista. Las secuencias de acción mantienen la intensidad característica de la franquicia, pero ahora dialogan con un discurso más introspectivo: el Depredador ya no destripa, sino que se enfrenta a sí mismo.

Si bien el tono más moderado y la clasificación PG-13 marcan una ruptura con la brutalidad de las entregas originales, el riesgo resulta necesario y refrescante. Trachtenberg apuesta por la renovación antes que por la repetición, y el resultado es una película que amplía el universo Yautja con madurez y sensibilidad.

«Depredador: Tierras Salvajes» no sólo redefine al cazador, sino que lo humaniza, abriendo un nuevo ciclo donde la ferocidad convive con la emoción. Es, en definitiva, la entrega más audaz y emocional de la saga: una mirada íntima al monstruo que, al fin, deja de serlo. Tal vez esto desilusione a los fans de la película original, pero abre nuevos caminos hacia un público nuevo.

YA DISPONIBLE EN TODOS LOS CINES

Por Andy McCormick

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