Entre sombreros, brillo burlesque y un aire neoyorquino: así se vivió Rauw Alejandro en la Arena VFG.

Entre sombreros de ala ancha, luces inclinadas como de cabaret moderno y un aire burlesque con tintes neoyorquinos, la Arena VFG se convirtió el sábado 15 de noviembre en el escenario perfecto para recibir a Rauw Alejandro. Pasadas las 8:30 p.m., la espera terminó: un ruido colectivo encendió el recinto cuando las pantallas se abrieron como telón de teatro y apareció él, listo para contar y cantar la historia de Cosa Nuestra Tour, una gira construida como si fuera una película en tres actos: amor, quiebre y renacimiento.

Un concierto que se vive como narrativa

Durante tres horas, Rauw dejó claro que este no era un show cualquiera, era su show, una obra performática donde cada transición, vestuario y ritmo llevaba un propósito. El primer acto, suave y romántico, abrió con “Punto 40” y “Somos de Carolina”, marcando una gran energía y a la vez elegante. Las pantallas mostraban visuales que parecían fotogramas de cine clásico con toques urbanos que acompañaban perfecto esa primera historia de enamoramiento.

El segundo acto explotó. El amor se volvió herida, furia, sudor; la narrativa se rompió igual que el corazón del protagonista. Llegaron entonces “Desesperados”, “Todo de Ti”, “Lokera” entre humo, láseres y coreografías precisas que recordaban por qué Rauw es uno de los performers más completos del género. El público se entregó al grito y al baile, conectando con esa parte inevitable del amor: el desamor que incendia todo.

El tercer acto fue purificación. De pronto, un giro inesperado: la banda entró en modo salsa y old school, un tributo sonoro a Puerto Rico, a la vieja escuela y a la música que formó al artista. Rauw bailó, improvisó, sonrió. “cosa nuestra” “tu con él” entre otras  que cerraron esa atmósfera de renacimiento, donde la historia vuelve a empezar, pero desde un lugar más fuerte.

La propuesta estética fue contundente: un híbrido entre lo clásico y lo futurista. Trajes brillantes, sombreros, luces de cabaret y visuales de cine noir. La banda alternaba entre salsa, reggaetón, baile funk y ese pop urbano que caracteriza a Rauw. Todo enmarcado en una producción que cuidó cada detalle: pantallas móviles, estructuras que giraban, fuego, lluvia artificial y un diseño de iluminación que acompañó la narrativa como si fuera un personaje más.

El público no descansó ni un minuto: saltos, gritos, coros completos y flashes constantes convirtieron la Arena VFG en una fiesta colectiva.

Uno de los momentos más emotivos llegó cuando Rauw recordó que ese mismo día se cumplía un año del lanzamiento de su disco Cosa Nuestra. Apenas lo mencionó, la respuesta fue inmediata, un estruendo brutal que hizo vibrar el lugar. Miles de voces celebraron el aniversario de un álbum que, más que una producción discográfica, se ha convertido en una etapa artística clave para él.

Al final, lo que se vivió en la Arena VFG fue una mezcla perfecta de espectáculo, concepto y emoción. Cosa Nuestra Tour no es solo un concierto: es una historia contada a ritmo de salsa, reggaetón, pop y nostalgia. Rauw Alejandro ofreció tres horas de absoluta entrega, bailando, cantando, narrando y recordándonos por qué su presencia en el escenario es tan magnética.

Una noche en la que la música no solo se escuchó: se vivió, se gritó, se sintió.

Reseña: Tonnie Zanabria / Fotos: Cortesía Rauw Alejandro

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