Lo que ocurrió en el Teatro Estudio Cavaret en Zapopan no fue simplemente un concierto: fue una ceremonia para creyentes. Mr. Bungle eligió este recinto para ofrecer su única fecha en solitario en México, y la decisión se sintió tan precisa como cada nota que detonaron sobre el escenario. La alineación actual deMike Patton, Trey Spruance, Scott Ian, Trevor Dunn y Dave Lombardo, dio cátedra absoluta de virtuosismo, una lección viva de cómo la técnica, cuando se pone al servicio del caos y la ironía, puede ser tan visceral como elegante.
Mike Patton, en estado de gracia, se adueñó del escenario con una teatralidad desbordada, mutante, impredecible. Su voz —instrumento indomable— navegó entre temas como Tuyo, Bungle Grind, el cover I’m Not in Love de 10cc, Retrovertigo, Hypocrites / Habla español o muere, Methematic, Raping Your Mind, True de Spandau Ballet, My Ass Is on Fire, Sudden Death, mientras su presencia escénica recordaba que Mr. Bungle no se entiende sin el performance, sin ese juego constante entre lo grotesco, lo absurdo y lo brillante. No hay concesiones: lo que la banda propone exige atención, entrega y conocimiento.


El público lo sabía. Por eso la audiencia fue un reflejo perfecto del momento: músicos, melómanos de hueso colorado y curiosos bien informados, todos conscientes de estar presenciando algo irrepetible. Entre ellos, hasta Alex González de Maná, confirmando que lo que se vivió esa noche trascendía géneros, escenas y etiquetas. Era una cita obligada para cualquiera que se atreva a decir que ama la música.
La noche abrió con Descartes A Kant, uno de los proyectos más sólidos y coherentes de la escena nacional. Fieles a su identidad, demostraron que no hace falta rendirse a tendencias para mantenerse vigentes. Distorsión, intensidad y performance como declaración de principios: un acto que no busca complacer, sino provocar. El complemento perfecto para una velada que giró en torno a la ruptura y la libertad creativa.


Mr. Bungle ofreció una noche de culto, de esas que se comentan durante años y se recuerdan con la certeza de haber estado en el lugar correcto. Un concierto imperdible, incómodo para algunos, revelador para muchos y absolutamente necesario para todos aquellos que entienden la música como arte, riesgo y celebración.
Reseña: Mario Jiménez | Fotos: Rodrigo Cerda y Summa Inferno (Galería completa AQUÍ)