Asistir a un concierto de Godspeed You! Black Emperor es enfrentarse a una marea de sentimientos encontrados. Desde el primer instante estuvo la alegría profunda de poder presenciar su visita por segunda ocasión, ese privilegio que no se da todos los días.
Pero bastaron los primeros acordes para que esa alegría se transformara en algo más denso, más humano.
Sin aviso y sin dramatismos, apareció la primera lágrima. No como un acto de tristeza pura, sino como una reacción inevitable ante esos pasajes sonoros que apachurran el pecho, que obligan a mirar hacia adentro. La música se convertía en un catalizador de recuerdos: personas que ya no están, amistades con las que se coincidió alguna vez gracias a esta banda, memorias que resurgen al compás de guitarras, violín, baterías y un contrabajo que no buscan complacer, sino decir algo más profundo.
El componente visual terminó de sellar la experiencia. Visuales análogos, hipnóticos, proyectados como fragmentos de un mundo en ruinas, envolvían al público en un trance colectivo. Todo ocurría sin palabras, sin poses, sin la necesidad de explicar nada. GY!BE no toca para entretener: invoca. Lo suyo es un ritual sonoro que se vive con el cuerpo inmóvil y la mente completamente abierta.


Conforme avanzaba el concierto, el deseo era uno solo: que ese viaje no terminara. La banda ofrecía un directo impactante, poderoso y honesto, frente a un público que entendía perfectamente que aquello no era un concierto tradicional. Era una ceremonia densa y absorbente, compartida por oyentes atentos, casi reverentes, conscientes de estar presenciando algo que va más allá del formato canción-escenario-aplausos.
Palabras sobran —y aun así no alcanzan— para describir lo que significa vivir un show de Godspeed You! Black Emperor. Lo que sí queda claro es que su música está muy por encima de cualquier etiqueta cómoda como post rock. Godspeed You! Black Emperor no pertenece a un género: pertenece a la experiencia, a ese lugar donde la música se vuelve memoria, catarsis y resistencia emocional.


Gracias a ACK Promote por hacer posible la visita de Godspeed You! Black Emperor y permitirle al público vivir una experiencia que va mucho más allá de un concierto. En tiempos donde lo inmediato y lo “instagrameable” suele dictar la agenda, se agradece profundamente que existan promotoras que apuesten por lo que deja huella, por lo que se siente en el pecho y se queda rondando en la memoria. Gracias por demostrar que su visión va más allá de lo comercial: traer un show como este es apostar por experiencias inexplicables, por noches que no se resumen en una foto para redes, sino en esa sonrisa inevitable que aparece cada vez que se recuerda un acontecimiento así. Gracias por confiar en el público, por respetar la música y por seguir construyendo momentos que, sin duda, ya son parte de nuestra historia como audiencia.
Reseña: Mario Jiménez
Foto: Leslie del Moral // ACK Promote