Uno de los grandes estrenos y sorpresas de esta primera parte del año es sin duda LA NOVIA, la nueva película de Maggie Gyllenhaal estelarizada por Jessie Buckley y Christian Bale, que nos cuenta una historia donde el monstruo del Dr. Frankenstein está buscando la ayuda de una de las mentes más grandes del siglo XX para que le ayude a crear una pareja, ya que lleva un siglo en soledad. Y no, no es tan simple como suena, la realidad es que más bien es una obra un tanto extravagante donde, además del romance, se mezcla la acción, la persecución, un poco de musical y además se hace presente, de manera magistral y necesaria, el tema de la liberación femenina, donde la novia se vuelve un símbolo de resistencia y revolución.
La película brilla por distintos frentes, aunque sin duda alguna su punto más fuerte es la actuación, pues su cast fue lo que más me llamó la atención, ya que además de sus grandes y maravillosos protagonistas, complementan Jake Gyllenhaal, Penélope Cruz, Peter Sarsgaard y Annette Bening, por destacar algunos. Las actuaciones de cada uno, para sorpresa de nadie, son magníficas. Bale puede hacer cualquier papel y le crees lo que está interpretando; por su lado, Jessie Buckley luce fenomenal: excéntrica, sensual, inocente, soñadora y violenta.
La ambientación, escenografía, vestuario y maquillaje te transportan a los primeros años del siglo XX. Desde los coches hasta los lugares te dicen en qué momento de la historia se está contextualizando. El maquillaje de Frankenstein no luce barato ni poco creíble; el de la novia brilla por su dualidad entre lo sencillo y lo excéntrico, logrando un gran diseño.
La historia es otra de las maravillas de esta película, pues aunque tiene momentos que aparentan ser absurdos y excéntricos, todo se conjuga para orillar a esa road movie y crear ese símbolo que termina siendo la novia. Todo surge por la necesidad de una pareja ante la abrumadora soledad, donde la búsqueda y encuentro de un cadáver (ajustado por la mafia) y el resultado glorioso de un experimento detonan la felicidad y aventura de dos monstruos con la notoria falta de algunas, o muchas, neuronas, y su intento por buscar la felicidad en un mundo regido por humanos “cuerdos” y tradiciones más bien machistas, donde La Novia, tanto en su pasado como en su nuevo presente, será víctima de este orden y terminará por ser ese modelo a seguir que tanto se necesita.
El final de la película pudiéramos dividirlo en dos: por un lado, el desenlace de la pareja está bien logrado, con una escena tal vez exagerada pero bastante justificable. Y por el otro, el final de la historia, del contexto, que es muy, muy, muy satisfactorio, y más porque por un momento crees que quedaría a la imaginación.
Antes de que se me olvide, la fotografía es hermosa: la iluminación, el contraste, los encuadres y planos te hipnotizan. Y qué decir del sonido: es bastante inmersivo.
Y claro que no todo es perfecto, tiene sus puntos negativos. Para mí, algo que no queda muy claro es Mary Shelley, que no sabes si es narradora, Dios, demonio o espíritu chocarrero, pero que fácilmente se puede pasar por alto.
Y no, no es una película de terror; es una mezcla fresca, necesaria y bien lograda de varios géneros que sin duda vas a disfrutar. Y sí, la fecha está pensada por el Día de la Mujer; tiene tintes feministas, pero muy bien generados y ejecutados. No te arrepentirás de verla en el cine. Sí, si amas las películas, tienes que verla en el cine.
Por Christian Mendoza
