Hay conciertos que se viven… y hay otros que duelen como despedidas. Lo de Love of Lesbian en el Auditorio Telmex fue exactamente eso: una noche suspendida entre la euforia y la nostalgia, un recordatorio de que incluso las historias más intensas necesitan hacer una pausa.
Luego de 25 años de carrera, la banda española anunció recientemente un “hasta pronto de largo aliento”. No es un adiós definitivo, dijeron, pero sí un descanso sin fecha clara de regreso. Y bajo esa premisa, cada canción, cada palabra y cada acorde en Guadalajara cargó con un peso distinto.
Pasadas las 9 de la noche comenzó el viaje. Los primeros acordes de “Ejército de salvación” detonaron la emoción contenida de un público que no necesitaba saber el inicio del setlist para confiar: iban a acertar. Y acertaron. La energía siguió creciendo con “Cuando no me ves”, mientras el auditorio se convertía en un coro colectivo.


“Buenas noches, Guadalajara”, lanzó Santi Balmes antes de “Bajo el volcán”, marcando el tono de una noche que, como él mismo advirtió, recorrería “distintas geografías emocionales, tanto del dolor como de la euforia”.
Y así fue.
Entre momentos de intensidad y pausas íntimas, el concierto navegó por distintas etapas de su discografía. La aparición en video de Rigoberta Bandini en “Contradicción” desató gritos y complicidad, mientras que “1999” se convirtió en uno de los picos emocionales de la noche: coreada por todos, reinventada en su cierre con fragmentos de “La Llorona” y “¿Por qué te vas?”, como si el pasado y el presente se fundieran en un solo canto.



Hubo espacio también para la vulnerabilidad. En formato acústico, “Segundo asalto” y “Un día en el parque” bajaron la intensidad para abrirle paso a la reflexión. Balmes habló del paso del tiempo, de las despedidas generacionales y de los nuevos comienzos. Y en ese momento, el concierto dejó de ser espectáculo para convertirse en algo profundamente humano.
El público respondió como solo Guadalajara sabe hacerlo: con entrega total. Los asistentes llevaban playeras con el logo de la banda, disfraces de astronautas y sombreros y lentes icónicos parecidos a los que usa Balmes, gritos constantes de amor y una energía que la propia banda reconoció. Incluso agradecieron que, pese a coincidir con un partido importante de fútbol, miles eligieran compartir esa noche con ellos.
Uno de los momentos más celebrados llegó con la participación de la banda tapatía Disidente en “Incapacidad moral transitoria”, donde los hermanos Mendoza le dieron un toque más rockero y alocado al tema.



La recta final fue un golpe directo: “Club de fans de John Boy” encendió al auditorio, dejando esa sensación de pertenencia que solo Love of Lesbian sabe construir. Después del breve silencio del encore, llegó uno de los instantes más íntimos de la noche: “Allí donde solíamos gritar”, interpretada casi en soledad, como una confesión compartida entre miles.
El cierre con “Los irrompibles” y “Oniria e Insomnia” no fue un final cualquiera. Fue un broche que no cerraba, sino que dejaba la historia en pausa.
“Este viaje de un cuarto de siglo ha valido cada segundo de insomnio… Nos vemos en el último verso”, dijeron en su comunicado. Y en Guadalajara, ese verso quedó flotando en el aire, entre aplausos, lágrimas y sonrisas.
«Todos los raros fuimos al concierto…»
Por Andy McCormick