Entre beats y VIPs: lo que dejó el Festival Echoes

Por: El Reportero Amorfo

Asistir al Festival Echoes de este año, celebrado en la inmensa explanada del Centro Cultural Universitario, fue un recordatorio de que en Guadalajara la exclusividad se cotiza alto, aunque se monte sobre el concreto. El evento no se midió en la calidez del ambiente, sino en el brillo de las pantallas y en la blancura impecable de un público dispuesto a pagar por una cerveza comercial lo que bien valdría una botella de vino decente, todo con tal de estar en el lugar correcto. La gran puesta en escena de la tarde incluyó la venta de una supuesta «zona exclusiva» a un costado del escenario, aprovechando la estructura del ágora Jenkins. Una genialidad de la mercadotecnia —o una reverenda tomada de pelo, según el código civil del asistente— que se ofertó como experiencia VIP y que terminó siendo apenas un corralito de sombra privilegiada para que la crema y nata local viera el concierto de lado, pagando un poco más por el mismo aire.


El Itinerario de la frecuencia
Musicalmente, la jornada abrió con Babas Tutsipop, quienes inyectaron una buena dosis de energía a una explanada que apenas empezaba a calentarse. Fue un arranque honesto y vigoroso que merecía mejor suerte.

Después llegó el turno de Poolside, que decepcionó a quienes esperaban el despliegue de una banda completa; sobre las tablas solo aparecieron Jeffrey Paradise y un acompañante en las percusiones, entregando un set de tintes tropicales que, por la falta de músicos, se sintió más como una fina música de fondo para terraza de Zapopan que como un acto estelar.


El plato fuerte, y la única razón por la que la mayoría de los presentes soportó el sol y el precio de los tragos, fue Parcels. Los australianos son impecables en su ejecución, pulidos y milimétricos, aunque su propuesta carezca de ese desorden sagrado que este cronista tanto agradece. El público quedó encantado, de eso no hay duda. Sin embargo, el verdadero espectáculo ocurrió abajo: su mánager, en un despliegue de divismo injustificado, prohibió el acceso de la prensa al foso de fotografía. Ante tal desplante, nuestro fotógrafo de cabecera, Krasso, aplicó la mejor protesta posible: la inexistencia. Ni una sola foto desde fuera, ni un encuadre robado. Si la banda decide que la prensa estorba, la prensa decide que la banda no entra en los canales de la historia.


El éxodo y el cierre técnico
Lo que demuestra que el festival fue una envoltura muy vistosa para un contenido escueto es lo que ocurrió inmediatamente después. En cuanto Parcels bajó del escenario, la explanada comenzó a vaciarse con una rapidez que ya quisiera la Unidad de Protección Civil para sus simulacros.
Para cuando Darius apareció a cumplir con su horario en formato de DJ set, la noche ya era de los rezagados y de los técnicos que empezaban a desmontar. El festival se desinfló temprano, dejando en el aire de Zapopan la sospecha de que nos vendieron un gran empaque de diseño para un evento al que, al final del día, le faltó verdadero punch.

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