Hay conciertos que disfrutas y hay conciertos que se quedan viviendo en tu cabeza varios días después. Para mí, mi primera vez viendo a Rosalía en vivo entró completamente en la segunda categoría.
Tuve la oportunidad de asistir como reportera a la primera fecha del Lux Tour en la VFG de Guadalajara y todavía me cuesta encontrar las palabras exactas para describir todo lo que pasó esa noche. Porque sí, fue un concierto, pero también fue un recital, una obra de arte en movimiento y una experiencia visual que te envolvía desde el primer minuto.
Rosalía no visitaba Guadalajara desde 2022 con el Motomami Tour en el Auditorio Telmex, que ya de por sí es un recinto importante. Ahora regresaba a la VFG con un sold out y una segunda fecha agregada por la alta demanda. Desde antes de que comenzara el show se sentía que estábamos frente a algo especial.
Y algo que me llamó muchísimo la atención fue el público. Parecía que todos habían recibido el mismo dress code.
Había vestidos blancos, encajes, velos, faldas largas y prendas que recordaban más a una reunión espiritual o a una pintura renacentista que a un concierto. Y es que, de cierta forma, eso era exactamente lo que representaba Lux.
Yo fui una de esas personas que llegó completamente temática. Me vestí acorde a la estética del álbum y hasta me hice la famosa aureola que Rosalía lleva en esta etapa, usando corrector y maquillaje en el cabello. Mientras iba llegando a la VFG pensé que quizá había exagerado un poco, pero en cuanto vi a la gente entendí que no.
Por un momento sentí que no estaba entrando a un concierto, sino a una reunión de personas que habían decidido convertirse en parte de la historia que Rosalía iba a contar esa noche.


Y es que Lux muestra una faceta completamente distinta de Rosalía. El álbum explora temas como la espiritualidad, la fe, la transformación y la búsqueda de algo más grande que nosotros. Todo eso se trasladó al escenario de una manera impresionante.
El show comenzó con un enorme cuadro colocado visto por la parte de atrás donde se podía ver la firma de Rosalía y el símbolo de Lux. Cuando las luces se apagaron, ese cuadro se abrió y reveló el escenario principal.
Desde ese momento entendí que no estaba viendo un concierto convencional.
La producción fue impresionante.
Cada acto parecía cuidadosamente diseñado para contar una historia. Había músicos, bailarines, flores, escenografías móviles, iluminación teatral y referencias constantes al arte clásico. En muchos momentos sentí que estaba viendo pinturas cobrar vida frente a mis ojos.
Uno de mis momentos favoritos fue durante “Berghain”. Me fascinó el contraste entre la estética luminosa y espiritual del inicio del show y la energía mucho más intensa de esta canción la puesta en escena y la caracterización visual de Rosalía inspiradas en la famosa pintura «El aquelarre» (también conocida como El gran cabrón) de Francisco de Goya. Los bailarines tuvieron un performance espectacular y lograron transformar por completo la atmósfera del concierto.
Y hablando de los bailarines, su trabajo fue impresionante durante toda la noche. No estaban ahí solamente para acompañar las canciones; eran una parte fundamental de la narrativa visual del espectáculo. Cada movimiento parecía tener un propósito dentro de la historia que Rosalía quería contar.


Otro de los momentos que más me gustó fue cuando interpretó el cover de “Can’t Take My Eyes Off You”. Rosalía apareció usando largos guantes rojos y colocándose detrás de un marco que la convertía literalmente en una pintura viviente. Fue uno de los momentos más románticos, delicados y artísticos de todo el concierto.
También mientras cantaba una canción de sus rices flamencas un cubo enorme con una cámara dentro se balanceaba arriba de nosotros, era como si fuera un incienso. Era imposible no pensar en las raíces españolas que siempre estan presentes en su música y en cómo logra reinterpretarlas de una forma completamente propia.
Pero más allá de la producción, lo que realmente hace especial a Rosalía es ella misma.
Sus expresiones siguen siendo tan genuinas como las vemos en entrevistas, videos o incluso en los memes que circulan por internet. Se veía emocionada, sorprendida y profundamente agradecida con el público.
Desde que apareció en el escenario parecía no poder creer la energía con la que Guadalajara la estaba recibiendo. Sonreía constantemente y varias veces se quedó simplemente observando a la gente, como intentando procesar todo lo que estaba ocurriendo.
Algo muy bonito que pude notar es que ya existe una especie de tradición dentro de este tour. Hay un momento donde se encienden las luces del recinto y los asistentes levantan sus carteles para que Rosalía pueda leerlos.
Se nota que los fans ya saben perfectamente cuándo ocurre y esperan ese instante para compartir historias, mensajes o peticiones especiales. Es casi como si durante unos minutos el concierto se detuviera para que Rosalía pudiera conocer un poquito más a las personas que están frente a ella.
Son pequeños detalles que hacen que, a pesar de estar frente a miles de personas, el concierto se sienta cercano y humano.
“La Perla” fue otro de los grandes momentos de la noche. Entre las referencias visuales inspiradas en la venus de milo, la interpretación vocal y toda la puesta en escena, terminó convirtiéndose en una de las actuaciones más impactantes del show.
También hubo una dinámica donde algunas personas seleccionadas por el staff, los llamados “iluminados”, subieron al escenario para formar parte de una de las canciones. Más que simples invitados, se convertían en parte de la obra. Tenían que fingir que Rosalia era una pintura entonces le tomaban fotos mientras ella cantaba y los abrazaba.
Ver cómo interactuaba con los fans y los hacía parte del espectáculo fue realmente hermoso.
Y como si eso no fuera suficiente, también hubo momentos donde Rosalía bajó para acercarse al público y hacerlos cantar junto a ella. Esa cercanía se mantuvo durante todo el concierto y explica en gran parte por qué sus fans la quieren tanto.
Otro de los momentos que sorprendió a todos ocurrió durante “El Confesionario”, cuando la invitada fue Yeri Mua. La aparición tomó por sorpresa a gran parte del público y provocó una de las reacciones más fuertes de toda la noche. Fue uno de esos momentos inesperados que terminan convirtiéndose en tema de conversación al salir del recinto.
Y es que justamente eso me parece increíble de Lux: que, aunque todo está tan cuidadosamente producido, todavía existen espacios para que ocurran momentos espontáneos y personales.


Al terminar el concierto me quedé pensando en algo.
Vi comentarios de personas que tenían una imagen muy específica de Rosalía basada en canciones como Con Altura, Despechá o Bizcochito. Personas a las que simplemente no les gustaba Rosalía. Y honestamente, lo entiendo: todos tenemos artistas que no conectan con nosotros.
Pero creo que a veces cometemos el error de pensar que conocemos completamente a un artista por una canción, una etapa o un proyecto.
Yo misma conocí a Rosalía por Con Altura. Después llegaron Despechá, Bizcochito y La Noche de Anoche, canciones que disfruté muchísimo. Pero si alguien me hubiera dicho entonces que algún día estaría frente a un escenario viendo a Rosalía convertir un concierto en una especie de recital, galería de arte y experiencia espiritual, probablemente no lo habría imaginado.
Y justo ahí está lo que más me gustó de Lux.
Rosalía no intentó repetir lo que ya le funcionó.
Se arriesgó.
Cambió.
Exploró una faceta completamente diferente y, al mismo tiempo, consiguió que siguiera sintiéndose como ella.
Creo que esa es la enseñanza que me dejó este concierto: no deberíamos encasillar a los artistas por lo que hicieron anteriormente.
Un artista puede cambiar de sonido, de estética, de concepto y hasta de la manera en la que quiere contar sus historias. Y eso no significa que haya dejado de ser quien era; significa que está creciendo y es un alma libre.
Quizá si llegas a Lux esperando encontrar a la Rosalía de Motomami, puede que no conectes inmediatamente con lo que estás viendo. Pero si le das la oportunidad de mostrarte esta nueva etapa, puedes terminar descubriendo algo completamente diferente.
Y eso fue exactamente lo que me pasó.
Porque este concierto me sorprendió.
Me hizo ver una faceta de Rosalía que no conocía y, sobre todo, me recordó por qué vale la pena darle una oportunidad a los artistas cuando deciden experimentar.
Sin duda, fue uno de los mejores conciertos que he visto.
Nos dio voz, performance, danza, flores, vestuarios increíbles, arte, momentos emotivos y una producción cuidada hasta el último detalle.
Esa noche no salí sintiendo que había asistido solamente a un concierto.
Salí sintiendo que había recorrido una galería de arte, un teatro en Europa todo al mismo tiempo.
Y sinceramente, todavía no lo supero sin duda entro en mi top conciertos.
Gracias Rosalia por tan bella obra de arte me dio mucha ternura lo mucho que te emocionabas y me encanto todo el amor que le pusiste a este tour. Simplemente Bellissim.
Gracias por leer nos vemos en un próximo concierto.
Reseña: soypaobela | Foto: Cortesía OCESA
Que manera tan increíble y exacta de representar lo que se vivió en el concierto.
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