DreamWorks se vuelve a soltar la corbata con La Isla Olvidada, una aventura animada imaginativa, caótica y visualmente desbordada que por momentos parece no saber —ni querer— poner el freno. Y quizá ahí está parte de su encanto.
Jo y Raissa son mejores amigas desde la infancia, pero la graduación también marca el inicio de caminos diferentes: Raissa se irá a Estados Unidos para estudiar, mientras Jo todavía intenta descubrir qué quiere hacer con su vida. En su última noche juntas, un misterioso portal las transporta a Nakali, una isla fantástica inspirada en la mitología filipina. Cuando despiertan sin recordar cómo llegaron ahí, comienza una aventura que mezcla fantasía, humor y una especie de ¿Qué pasó ayer? adolescente, mientras intentan reconstruir su noche y encontrar el camino de regreso.
Pero debajo de las criaturas, persecuciones y chistes hay una historia mucho más emocional: la de dos amigas enfrentándose a la posibilidad de que crecer también implique separarse. La película entiende que algunos vínculos cambian con el tiempo, pero eso no significa que dejen de formar parte de nosotros.


Y visualmente, vaya viaje. La Isla Olvidada mezcla 3D, 2D, anime y diferentes estilos de animación con una libertad que recuerda a Spider-Man: Un nuevo universo, Los Mitchell contra las máquinas o El gato con botas: El último deseo. Nakali es un auténtico carnaval de criaturas y colores inspirado en el folclore filipino, y cada nueva secuencia parece querer superar a la anterior.
El problema es precisamente ese: hay demasiado de todo. Personajes, criaturas, cambios de estilo, chistes, acción, canciones y giros se acumulan a una velocidad que puede resultar agotadora. La película tiene una imaginación enorme, pero en algunos momentos parece abrir demasiadas ventanas al mismo tiempo y no siempre permite que sus ideas respiren.
Por fortuna, cuando vuelve a centrarse en Jo y Raissa, encuentra su verdadero motor. Su amistad es el elemento más sólido de la historia y también el que hace que el último tramo golpee emocionalmente. Porque después de tanta explosión visual, lo que termina importando no es la isla, ni sus criaturas, ni siquiera regresar a casa: son los recuerdos que construimos con las personas que queremos.
La Isla Olvidada no es perfecta y definitivamente no es una película para quien busque una aventura tranquila. Es rápida, extraña, colorida y por momentos excesiva. Pero también es genuinamente divertida, emocional y tremendamente creativa.
Una aventura que puede dejarte la cabeza a mil… y el corazón un poquito roto. Y honestamente, no está nada mal.