Alessandra Rosaldo y Chacho Gaytán llevaron al Teatro Diana por un viaje de más de tres décadas, entre electropop, covers, coreografías, nostalgia y una emotiva despedida al padre de Alessandra.
Hay conciertos que funcionan como una máquina del tiempo, basta escuchar los primeros segundos de una canción para regresar a una época, recordar un amor, una fiesta, una adolescencia o incluso aquella etapa en la que uno juraba que ya era adulto. Eso ocurrió la noche del 25 de septiembre en el Teatro Diana, donde Sentidos Opuestos —Alessandra Rosaldo y Chacho Gaytán— hicieron de su gira de reencuentro «Sin Límites«, un recorrido por buena parte de la memoria musical de quienes crecieron con su electropop.
Y sí: el Teatro Diana tuvo una buena dosis de chavorrucos. De esos que todavía recuerdan perfectamente las coreografías, que llegaron ataviados con prendas brillantes y que, en cuanto sonaron los primeros acordes, demostraron que los años podrán pasar, pero algunas canciones siguen teniendo el mismo efecto.
Desde el arranque el público comenzó a meterse de lleno en la dinámica del espectáculo. “Hasta mañana, corazón”, “Duro de pelar”, “Tú y yo” y “Sweet Dreams” fueron apenas el principio de una noche construida a partir de medleys, covers y canciones que han acompañado diferentes momentos de la carrera del dúo.
Chacho Gaytán, desde el teclado y detrás de una producción que apostó por músicos en vivo, bailarines, pantallas y cambios de vestuario, dejó claro que su presencia escénica sigue siendo una de las piezas fundamentales de Sentidos Opuestos. Alessandra, por su parte, se movió entre la interpretación, el baile y esa complicidad con el público.
El espectáculo recorrió distintas etapas de Sentidos Opuestos. Desde ese exitoso tema de la telenovela del mismo nombre “Amarte es mi pecado”, hasta «Escríbeme en el cielo» y “Fuego y pasión” aparecieron en un repertorio que no buscó quedarse únicamente en los grandes éxitos, sino reconstruir la historia del dúo a través de distintas épocas.


Uno de los elementos que más peso tuvo durante la noche fueron los medleys. ABBA apareció con “Gimme! Gimme! Gimme!”, “Mamma Mia” y “Dancing Queen”, mientras que “Don’t Stop Believin’” también tuvo su propio momento dentro de la presentación.
La producción visual y coreográfica acompañó buena parte del recorrido. Entre bailarines, músicos y pantallas, el escenario se mantuvo en movimiento prácticamente durante toda la noche.
Y hubo representación tapatía sobre el escenario: la bailarina Nayeli Barajas, originaria de Guadalajara, formó parte del espectáculo y sumó su talento a una puesta que apostó por la energía visual tanto como por la música.
Pero si hubo una canción que terminó convirtiéndose en uno de los grandes momentos de conexión con el público, fue “Mírame”. Alessandra apareció con un vestido largo y terminó subida al piano de Chacho mientras interpretaba uno de los temas más coreados de la noche.
Hasta ese momento, Sin Límites había sido principalmente una celebración. Pero la noche tomó otra dimensión cuando Alessandra habló de su padre, Jaime Sánchez Rosaldo, fallecido el 8 de junio de 2026.
La cantante reconoció la emoción que le provocaba regresar a Guadalajara y enfrentarse a los recuerdos que algunas de estas canciones traen consigo. Sánchez Rosaldo no fue solamente su padre: también fue productor y mánager, y una figura importante en la historia profesional de Alessandra y de Sentidos Opuestos.
Entonces Chacho comenzó a tocar “Yo soy tu amigo fiel”, mientras la orquesta —integrada por músicos de Guadalajara— acompañaba la interpretación. En las pantallas comenzaron a aparecer fotografías de Alessandra junto a su padre.
Fue un momento particularmente íntimo dentro de una noche que hasta entonces había estado marcada por el baile.
La música continuó con “Cuando ella me amaba”, canción que Alessandra interpretó para la versión en español de Toy Story 2, y que en esta ocasión adquirió un significado todavía más personal. Las imágenes, la voz de Alessandra y los arreglos de la orquesta construyeron uno de los momentos más emotivos de la noche.


No fue una pausa dentro del concierto: fue un recordatorio de que detrás de una carrera de más de tres décadas también existen pérdidas, familia y recuerdos que permanecen.
Y como Sentidos Opuestos no podía dejar al público instalado en la melancolía, el concierto volvió a cambiar de dirección. Llegó un extenso medley de covers que pasó por “Sabe a chocolate”, “Cómo te voy a olvidar”, “Amor prohibido”, “Nunca es suficiente”, “Suavecito, suavecito”, “Escándalo”, “Adiós amor”, “Qué agonía”, “Mi credo” y “Oye”, entre otros.
El Teatro Diana dejó entonces de parecer un recinto de conciertos para convertirse en una pista de baile con el tema “Fiesta”, uno de los momentos más coloridos de la noche, con la aparición de dragas que terminaron de convertir el escenario en una gran gran celebración.
Y todavía quedaban dos cartas fuertes.
“¿Dónde están?” preparó al público para el cierre, pero fue “Amor de papel” la canción que terminó de confirmar cuál era el verdadero objetivo de la noche: volver a cantar aquello que alguna vez fue banda sonora de nuestras vidas.
Alessandra y Chacho salieron al escenario para celebrar más de tres décadas de Sentidos Opuestos, pero el público llegó a celebrar también sus propias historias.


