Hay franquicias que simplemente se niegan a morir, y Evil Dead es una de ellas. A 45 años de que Sam Raimi revolucionara el cine de terror con una cabaña, un libro maldito y litros de sangre falsa, la saga regresa con Evil Dead: En Llamas (Evil Dead Burn), sexta entrega de la franquicia dirigida por Sébastien Vaniček.
La historia sigue a Alice (Souheila Yacoub), una mujer que intenta superar la muerte de su esposo mientras queda atrapada con una familia política que ya era un verdadero infierno… incluso antes de que aparecieran los Deadites. A partir de ahí, la película hace lo que mejor sabe hacer: convertir una reunión familiar en una carnicería sobrenatural.
Quienes esperaban salir del cine desmayados o vomitando por la cantidad de gore probablemente se lleven una sorpresa. Sí hay muchísima sangre, mutilaciones y violencia creativa, pero la realidad es que no alcanza el nivel de brutalidad que muchos rumores prometían, e incluso consideramos que Evil Dead Rise (2023) sigue siendo una entrega más sangrienta.


Eso sí, la película nunca deja de ser entretenida. Vaniček entiende perfectamente el ADN de la saga y recupera pequeños destellos del humor negro que hicieron famosa a la franquicia. No llega al nivel del desenfreno de la trilogía original con Bruce Campbell, pero esos momentos de comedia aparecen justo cuando más se necesitan para aliviar la tensión… antes de volver a lanzar otra cubeta de sangre sobre la pantalla.
Visualmente luce impecable. La fotografía, los movimientos de cámara y las secuencias de acción mantienen un ritmo constante durante sus casi dos horas de duración, mientras que los Deadites continúan siendo tan desagradables e impredecibles como siempre.
Lo mejor de todo es que la franquicia demuestra que todavía tiene mucho camino por recorrer. Lejos de sentirse agotada, Evil Dead: En Llamas deja claro que este universo aún puede ofrecer muchas historias más, algo que además se refuerza con dos escenas postcréditos que, por supuesto, no vamos a spoilear, pero que vale completamente la pena esperar.
Y para quienes se preguntaban si realmente era «la película que haría vomitar a la audiencia»… no, nosotros no vomitamos. Hubo momentos incómodos, algunas muecas inevitables y varios «¡ouch!» colectivos en la sala, pero nada que impida disfrutar la función si ya estás acostumbrado al cine gore.
Al final, los fans de Evil Dead saldrán satisfechos. Tal vez no sea la entrega más salvaje de la saga ni la más sangrienta, pero mantiene viva la esencia de una franquicia que sigue encontrando nuevas formas de divertir, incomodar y bañar todo de rojo.