Hay películas que cuentan una historia. Hay otras que intentan convertirse en una experiencia. Y luego está La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan, un espectáculo monumental que toma uno de los relatos fundamentales de la literatura occidental y lo transforma en una odisea cinematográfica.
¿Qué tan fiel es a Homero?
Si hablamos de fidelidad al poema original, diría que la película respeta aproximadamente un 80% de su esencia. Nolan comprime secciones, desecha otras y omite a numerosos personajes, algo prácticamente inevitable al intentar condensar una obra tan extensa y episódica en 172 minutos.
Pero lo importante es que conserva el corazón de la historia. La película sigue siendo el relato de un hombre que intenta regresar a casa después de una guerra, pero también el viaje de un hombre que tiene que enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Y ahí es donde Nolan encuentra su propia versión de Homero.
Esta no es simplemente la historia de un héroe que enfrenta monstruos, dioses y criaturas mitológicas. Es la historia de un hombre que intenta regresar a casa después de diez años de guerra, mientras carga consigo los fantasmas de todo lo que hizo para ganar y sobrevivir. Odiseo no es un héroe perfecto. Y eso es fundamental.
Es inteligente, astuto, valiente y capaz de liderar a sus hombres hasta el límite. Pero también toma decisiones que pueden enfurecerte. Decisiones que cuestan vidas. Decisiones que tienen consecuencias. En algunos momentos quieres gritarle que deje de hacer lo que está haciendo. En otros, entiendes que es precisamente su astucia la que lo mantiene vivo. Y esa contradicción hace que el personaje funcione.


La guerra no es una hazaña gloriosa
Todos conocemos la historia del caballo de Troya. Durante siglos, la hemos visto como una de las grandes hazañas de la estrategia militar: el ingenio de Odiseo, el engaño perfecto, la victoria griega. Pero Nolan decide mirar hacia otro lado. Hacia el lado oscuro. Aquí, el caballo de Troya no es solamente una genialidad militar. Es también el inicio de una masacre. De una ciudad destruida. De una cantidad brutal de sangre derramada. La película se atreve a preguntar qué ocurre después de que los héroes celebran la victoria. ¿Qué queda cuando termina la batalla? ¿Qué sucede con los muertos? ¿Con los inocentes? ¿Con quienes participaron en la guerra y después tienen que vivir con sus decisiones? Nolan parece tenerlo muy claro: la guerra no termina cuando dejan de sonar las espadas. Y Atenea se convierte, sin necesidad de explicar demasiado, en una especie de presencia constante del remordimiento. Una representación viva de la culpa, de la guerra y de las consecuencias que persiguen a Odiseo durante su largo viaje. En el fondo, La Odisea no trata únicamente sobre un hombre que quiere regresar a Ítaca, trata sobre un hombre que quiere regresar a sí mismo. Porque cuando un hombre común se equivoca, las consecuencias pueden afectar a unos cuantos, cuando un líder se equivoca, puede arrastrar a cientos.
Una película llena de monstruos, dioses y escenas espectaculares
Mis dos partes favoritas de la película fueron, sin duda, el encuentro con el cíclope y la aparición de Circe.
La secuencia del cíclope es impresionante. Nolan consigue que la criatura se sienta enorme, física y aterradora. No es simplemente un monstruo digital que aparece en pantalla para que los personajes corran. Se siente como una presencia real. Y después está Circe. La película se toma algunas libertades con el personaje y con el episodio original, pero la secuencia funciona de maravilla. Hay algo hipnótico, inquietante y profundamente terrorífico en ella. Y hablando de mitología: la ira de los dioses, las criaturas, los monstruos y las fuerzas sobrenaturales son sencillamente… uff. Christopher Nolan no intenta hacer una fantasía ligera. Hay una sensación constante de que los seres humanos son diminutos frente a fuerzas que no pueden comprender.
Y cuando los dioses se enojan, más vale correr.
La fotografía: una auténtica locura
Pero hablemos de la manera en que esta película fue filmada. La Odisea es el primer largometraje filmado íntegramente con cámaras IMAX de 70 mm. Y sí: eso suena tan espectacular como absurdo. Porque el problema es que muy pocas personas podrán verla en el formato para el que fue concebida.
Nolan volvió a llevar su obsesión por el formato hasta el límite. Y el resultado se nota. La fotografía es impresionante. Hay paisajes que parecen sacados de una pintura épica, escenarios que se sienten inmensos y una escala visual que pocas películas pueden ofrecer actualmente. El mar, las ruinas, las batallas, los monstruos y los escenarios naturales tienen una presencia física extraordinaria. Los efectos especiales son impresionantes, hay una enorme preocupación por la textura, por la escala y por hacer que lo fantástico parezca tangible.
Y el sonido es otro espectáculo. El audio de La Odisea es brutal. Cada golpe, cada batalla, cada rugido y cada tormenta tiene un peso enorme. Es una película que no solamente se ve: también se escucha en todo el cuerpo.
Todo esto con un presupuesto de 250 millones de dólares. Y sí, se nota cada uno de ellos.


Un reparto absurdamente bueno
El reparto es sencillamente ridículo.
Matt Damon interpreta a un Odiseo que puede ser brillante, desesperante, valiente, egoísta, noble y profundamente humano. No siempre quieres estar de su lado. Pero casi siempre quieres saber qué va a hacer.
Anne Hathaway transmite con enorme fuerza el dolor de una mujer que lleva diez años esperando a un hombre que quizá nunca vuelva. Su Penélope tiene una tristeza contenida que se siente incluso cuando no dice demasiado.
Tom Holland interpreta a un Telémaco más vulnerable y débil, pero justamente por eso es fácil empatizar con él. No es un guerrero legendario. Es un hijo que intenta entender quién fue su padre y qué ocurrió con él.
Robert Pattinson es odioso. Y lo digo como un cumplido. Su personaje logra provocar exactamente ese tipo de rechazo que necesitas sentir. Hay momentos en los que realmente quieres que alguien le dé una buena lección. (Spoiler: Sí sucede)
Zendaya, Charlize Theron, Mia Goth, Samantha Morton, Jon Bernthal, John Leguizamo y Ben Safdie completan un reparto de auténtico lujo. Y aunque algunos actores tienen más tiempo en pantalla que otros, es difícil sentir que alguien está fuera de lugar.
La aparición de Lupita Nyong’o, aunque breve, es absolutamente intensa. Tiene esa capacidad de entrar a una escena y apropiarse de ella en cuestión de segundos. Y también está el regreso de Elliot Page, una aparición que, personalmente, me dio mucho gusto. Respecto a toda la polémica alrededor de la inclusión en el reparto, debo decir que, en lo personal, no me afectó en lo mínimo. Si la actuación funciona, el personaje funciona y la película funciona, para mí el debate se termina ahí.
Argos: el golpe directo al corazón
Pero probablemente uno de los momentos más bonitos y sentimentales de toda la película tiene cuatro patas: Argos. El perro que espera durante diez años el regreso de su amo, ycuando finalmente vuelve a verlo, puede morir en paz. Es un momento sencillo, pero funciona porque Nolan entiende que no todo tiene que ser una batalla gigantesca o una criatura mitológica para tener impacto. A veces basta con un perro viejo que reconoce a la persona que estuvo esperando durante una década. Y sí, probablemente fue uno de los momentos en los que más se me apretó el corazón.
Una película de tres horas que no se sienten como tres horas
172 minutos. Tres horas aproximadamente. Y, sorprendentemente, la película no se siente larga. La Odisea es una película enorme, pero también es extraordinariamente dinámica. La historia avanza constantemente y Nolan se desliza entre distintos marcos temporales con una fluidez impresionante. Pasamos del pasado al presente, de la guerra de Troya al viaje de regreso, de Ítaca a los recuerdos de Odiseo, sin que la narración pierda el sentido. Y no, no necesitas ser experto en historia antigua ni conocer a profundidad la mitología griega para entenderla. Si conoces la historia original, encontrarás referencias, cambios y decisiones interesantes. Si no la conoces, la película funciona perfectamente como una aventura épica sobre un hombre intentando regresar a casa. La breve aparición de Aquiles, además, es un detalle que se agradece muchísimo.


El veredicto
Cuando estaba en la escuela, me obligaron a leer La Odisea. Tal vez por esta razón iba con cero expectativas… pero la verdad es que la adaptación de La Odisea es una película monumental. Tiene monstruos, dioses, brujas, batallas, naufragios, sangre, criaturas mitológicas, escenarios impresionantes y amor. Christopher Nolan vuelve a demostrar que es un director excepcional que nunca decepciona.