Casi 30 años después, Sally y Gillian Owens están de vuelta. Sandra Bullock y Nicole Kidman retoman sus icónicos papeles en Hechizo de Amor: La Magia Continúa, una secuela que sabe perfectamente qué quiere provocar en el público: una sonrisa, un poco de nostalgia y, sobre todo, el gusto de volver a ver juntas a dos actrices que siguen teniendo una química envidiable.
La primera Hechizo de Amor (Practical Magic, 1998) llegó en una época en la que la brujería, lo sobrenatural y las historias de mujeres con poderes estaban por todas partes. Sin ser una película perfecta —y con un final que quizá no ha envejecido tan bien—, aquella cinta consiguió construir una identidad particular al mezclar romance, comedia, fantasía, drama familiar y una buena dosis de oscuridad. Pero, más allá de los hechizos, el verdadero corazón siempre estuvo en la relación entre las hermanas Owens.
Y eso es precisamente lo que esta segunda parte entiende mejor.
Sandra Bullock y Nicole Kidman siguen funcionando juntas. Hay una naturalidad en sus escenas compartidas que hace que incluso los momentos más sencillos tengan encanto. Sus personalidades contrastantes vuelven a ser uno de los principales motores de la película: Sally, más sensata y contenida; Gillian, impulsiva, divertida y con ese particular sentido del humor que Kidman aprovecha especialmente bien.
De hecho, hay momentos en los que pareciera que las casi tres décadas que han pasado desde la primera película simplemente desaparecieron. La complicidad entre ambas se siente genuina y es, sin duda, lo mejor que ofrece la cinta.
La historia, sin entrar en demasiados detalles, vuelve a poner a la familia Owens frente a una amenaza relacionada con la maldición que ha marcado a sus mujeres durante generaciones. La nueva aventura busca ampliar el universo mágico y darle protagonismo a la siguiente generación, pero aquí es donde la película comienza a mostrar sus limitaciones.


La premisa funciona, pero no es particularmente novedosa.
La secuela tiene elementos suficientes para construir algo diferente, pero constantemente se siente atada a lo que ya conocemos. Hay nuevas reglas, nuevos personajes y una amenaza distinta, aunque el camino resulta bastante predecible. En varios momentos es fácil anticipar hacia dónde se dirige la historia y algunos de los nuevos personajes terminan sintiéndose más como herramientas para mover la trama que como figuras realmente memorables.
Afortunadamente, la película no pretende ser algo que no es. Hechizo de Amor: La Magia Continúa es, ante todo, entretenimiento. Tiene humor, momentos simpáticos, magia, situaciones absurdas y suficiente ritmo para que sus casi dos horas se disfruten sin demasiadas complicaciones.
Y sí, la nostalgia funciona.
Volver a ver a las hermanas Owens, reencontrarse con algunos rostros conocidos y regresar a ese universo de casas antiguas, hechizos y mujeres que desafían las reglas tiene un encanto especial, particularmente para quienes crecieron con la película de 1998.
El problema es que la nostalgia también es su mayor debilidad. La película depende demasiado del cariño que el público ya tiene por la primera entrega. En lugar de atreverse a construir una identidad completamente nueva, muchas de sus decisiones parecen diseñadas para recordarnos constantemente por qué queremos a estos personajes.
Eso no significa que sea una mala secuela. Simplemente significa que la magia no alcanza para convertirla en algo verdaderamente memorable. Al final, Hechizo de Amor: La Magia Continúa cumple con lo que promete. No reinventa la fórmula, no ofrece una gran sorpresa y tampoco parece interesada en arriesgar demasiado. Pero resulta divertida y, sobre todo, es un reencuentro agradable con Sally y Gillian Owens.


¿Vale la pena verla? Sí, siempre que las expectativas estén en el lugar correcto. Si buscas una secuela revolucionaria, probablemente saldrás decepcionado. Si quieres pasar un buen rato, reírte un poco y volver a ver a Sandra Bullock y Nicole Kidman haciendo lo que mejor saben hacer juntas, entonces el hechizo todavía funciona.