Spider-Man: Un Nuevo Día ya llegó a las salas de cine y, sin temor a equivocarme, puedo decir que es una de las mejores películas de superhéroes que nos han entregado.
Te lo digo siendo un señor con un hijo de dos años al que no quiero que le llegue el momento de crecer, pero con quien, al mismo tiempo, ya sueño compartir películas como esta. Se habla mucho del supuesto hartazgo hacia el cine de superhéroes, pero la realidad es otra: no estamos cansados de este género; estamos cansados de las malas películas. Sí, me refiero a Thor: Love and Thunder, The Marvels, Ant-Man and the Wasp: Quantumania, Doctor Strange in the Multiverse of Madness, Morbius, Batman v Superman, Supergirl y un largo etcétera. Todo aquello en lo que esas películas fallaron, la nueva aventura de nuestro vecino arácnido lo hace bien.
Y es que, en verdad, tiene todo —o casi todo— lo que esperamos de una buena película, no solamente de una de superhéroes. Cuenta con una historia coherente, un desarrollo de personaje palpable, conflictos y soluciones que se sienten naturales, sin depender de la clásica «fuerza del amor» para resolverlo todo; y cuando el amor sí entra en juego, está bien justificado y tiene coherencia dentro de la historia. Además, los momentos emotivos están muy bien construidos. Sí, todo eso es Spider-Man: Un Nuevo Día.
La película inicia con nuestro héroe completamente solo. Recordemos que, al final de la entrega anterior, nadie lo recuerda y Peter decide no contarles la verdad a Ned y a M.J., alejándolos de su vida para protegerlos. A partir de ahí intenta hacer desaparecer a Peter Parker para que únicamente exista Spider-Man. Ese conflicto será el eje de buena parte de la historia: la lucha entre lo que es, lo que quiere ser y lo que necesita ser.
Para este momento, Spider-Man ya se ha convertido en un símbolo de Nueva York. Vemos los problemas que enfrenta día con día y cómo aprende a ser un héroe sin toda la ayuda que antes tenía, tanto tecnológica como moral. Ese es uno de los grandes aciertos de la narrativa. Si bien el Spider-Man de Tom Holland siempre estuvo muy ligado a la tecnología de Tony Stark, en esta nueva etapa se siente mucho más terrenal y cercano al Spider-Man clásico con el que la mayoría crecimos.
Y, sin entrar en spoilers, lo que muestran los avances es apenas el inicio. La verdadera historia está muy bien escondida. Ese también es un enorme acierto. Hoy en día muchos tráilers terminan contándote prácticamente toda la película o, peor aún, te muestran sus mejores momentos. Aquí sucede lo contrario: lo mejor todavía está por descubrir.

Hay otros aspectos interesantes que vale la pena mencionar antes de verla. Peter enfrentará cambios relacionados con mutaciones en su cuerpo que, combinadas con la depresión y el estrés que carga, lo llevarán a tomar decisiones poco propias de un héroe. Además, aparece el Departamento de Control de Daños, que en un principio parece un simple elemento del contexto, pero que conforme avanza la historia adquiere un papel mucho más importante.
Lo que hace tan bien esta nueva entrega es su equilibrio. Los momentos de comedia, acción y emoción están perfectamente distribuidos. Cuando toca reír, te ríes; cuando llegan las escenas de acción, te emocionas, sientes los golpes y celebras cada triunfo de nuestro amigable vecino. Pero también sufres con él. Entiendes el peso que carga y, salvo una escena —al menos desde mi punto de vista—, los momentos donde triunfa el poder del amor se sienten naturales y nunca forzados.
Incluso hay una escena en la que es imposible no identificarse tanto con los niños como con los adultos que observan a su héroe. Y aquí quiero hacer un paréntesis, porque precisamente eso representa Spider-Man. No hablo únicamente de sus historias, sino de lo que significa dentro y fuera de ellas. Es una inspiración para quienes crecimos con él, admiramos su forma de ser y encontramos en sus decisiones una motivación para ser mejores personas. Todos fuimos ese niño imaginando que lanzaba telarañas y también somos ese adulto que sigue encontrando inspiración en un personaje que, a pesar de todo, decide levantarse una vez más. Eso es lo que deberían transmitir las películas de superhéroes. De esas, como ya dije, no estamos cansados.
Además, me gustó que la historia no girara únicamente alrededor de M.J. También se siente la ausencia de Ned, una pérdida que afecta mucho más a Peter que al propio Spider-Man.
En el apartado técnico, salvo algunas escenas donde el CGI resulta demasiado evidente, el trabajo visual es espectacular. La edición, la fotografía y la música consiguen envolverte de una forma maravillosa.
Tuve la fortuna de asistir como invitado de Sony Pictures a una función en una sala SCREENX, donde la imagen se expande hacia los laterales del cine, haciendo que la experiencia sea todavía más inmersiva, especialmente porque la película fue filmada pensando en este formato. Aun así, estoy seguro de que verla en una sala tradicional no le resta prácticamente nada a la experiencia.
Aunque su duración es considerable, la película mantiene un ritmo tan bueno que el tiempo simplemente vuela. Nunca se siente pesada; al contrario, terminas con ganas de que dure un poco más.
Como ya lo mencioné, una de las mayores sorpresas es la verdadera historia que esconde la película. Así que procura verla antes de que alguien te arruine la experiencia con spoilers, porque, por momentos, todo gira alrededor de este «nuevo villano», cuando en realidad hay mucho más detrás.
En serio, y no me canso de repetirlo, Spider-Man: Un Nuevo Día es una de las mejores películas del año. No será una pérdida de tiempo; al contrario, date la oportunidad de pasar un muy buen rato.
Como papá, sé que muchas actividades cambian cuando llega un hijo. Tenía muchísimas ganas de ver la nueva película de Nolan, pero terminé eligiendo pasar la tarde con uno de mis héroes favoritos. Estoy convencido de que no me equivoqué. Y si lo hice, la verdad es que no me arrepiento absolutamente de nada.
Por Christian Mendoza