Sonata Arctica celebra tres décadas de power metal en Guadalajara

Antes de que las primeras notas de Sonata Arctica aparecieran sobre el escenario, Obesity fue la encargada de preparar el terreno. La banda mexicana de metal instrumental llevó al C3 Stage una propuesta marcada por el metal progresivo, la precisión técnica y una ejecución contundente, demostrando por qué se ha convertido en una de las agrupaciones instrumentales más destacadas de la escena nacional.

Después llegó el momento esperado. Con Tony Kakko, Tommy Portimo, Pasi Kauppinen, Evil Janen y Henrik Klingenberg sobre el escenario, Sonata Arctica apareció frente a un público que lleva años acompañando la trayectoria de los finlandeses.

Y es que hablar de Sonata Arctica es hablar de una banda que comenzó su historia en 1996, en Kemi, Finlandia, originalmente bajo el nombre de Tricky Beans. Después de pasar por el nombre Tricky Means, la agrupación adoptó finalmente el nombre Sonata Arctica en 1999, año en que también publicó Ecliptica, su álbum debut y una pieza fundamental para entender el sonido que los llevaría a convertirse en una referencia del power metal melódico.

Desde entonces han pasado tres décadas, 11 álbumes de estudio y numerosas giras alrededor del mundo. En México, su historia también ha tenido varios capítulos. Guadalajara ha sido una de las ciudades recurrentes dentro de sus recorridos por el país: en 2017 la banda se presentó en el propio C3 Stage, mientras que en 2022 volvió a tierras tapatías como parte de la celebración por sus 25 años de trayectoria.

Cinco años después de aquella celebración, el motivo fue todavía más grande: 30 años de Sonata Arctica.

La gira de aniversario prometía precisamente eso: un repertorio capaz de recorrer diferentes momentos de su carrera, incluyendo favoritos de los seguidores y canciones que no habían formado parte habitual de sus presentaciones recientes.

Y aunque el setlist siempre es uno de los temas que más conversación genera entre los seguidores, especialmente cuando se trata de una banda con un catálogo tan amplio, Guadalajara recibió una selección que permitió viajar por distintas épocas de Sonata Arctica.

La noche comenzó con “I Have a Right”, seguida por “Black Sheep” y “Paid in Full”, para continuar con “The Last Drop Falls” y “Closer to an Animal”. Conforme avanzó el concierto aparecieron algunos temas esperados como “8th Commandment”, “The Last Amazing Grays” y “Letter to Dana”.

Pero si hubo canciones capaces de convertir al C3 Stage en un solo coro fueron “Shy”, “FullMoon” y “Tallulah”. En esos momentos quedó especialmente claro que, para muchos de los presentes, estas canciones no pertenecen únicamente a una discografía: forman parte de recuerdos, etapas y años de escuchar a la banda.

“FullMoon”, además, representa una conexión directa con los primeros años del grupo. La canción apareció originalmente en el demo que ayudó a llamar la atención de la escena finlandesa sobre la agrupación y posteriormente formó parte de Ecliptica.

Y eso fue precisamente una de las características de la noche: el público no llegó solamente a mirar… puños en el aire, cerveza por doquier y voces al unísono.

También hubo espacio para la interacción con los asistentes. Tony Kakko y compañía mantuvieron movimiento constante sobre el escenario y buscaron acercarse a quienes estaban frente a ellos, generando una sensación de cercanía que contrastó con la dimensión de una celebración que ya suma tres décadas.

Uno de los detalles que más llamó la atención ocurrió a mitad del concierto: la banda decidió tomarse la fotografía con el público en ese momento y no hasta el final, como suele suceder en muchas presentaciones. Un pequeño gesto que terminó convirtiéndose en una de esas imágenes que quedan asociadas a una noche especial.

Para el cierre llegó el encore “Victoria’s Secret” y “Don’t Say a Word”, dos canciones que terminaron de elevar la energía antes de despedir a los finlandeses de Guadalajara.

Después de 30 años, Sonata Arctica puede mirar hacia atrás con una discografía extensa y distintas etapas sonoras, pero también con algo que resulta más difícil de conseguir: canciones que siguen provocando la misma reacción colectiva entre quienes las escucharon por primera vez hace años y quienes las descubrieron mucho después.

Por Andy McCormick

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