Hay festivales a los que vamos por la música, otros por el ambiente y algunos que terminan sorprendiéndonos por todo lo que sucede alrededor. Ánimas Que Sí Amanezca fue una mezcla de todo eso. Entre amigos, llegamos a la Explanada del Estadio Akron con ganas de pasar una buena tarde-noche y terminamos siendo parte de una celebración que nos llevó de la nostalgia al baile, del regional mexicano a la cumbia y de los recuerdos a una fiesta que, literalmente, se prolongó hasta que amaneció.
En su primera edición, el festival reunió a poco más de 14 mil personas durante el domingo 1 de noviembre, en una propuesta que encontró en el Día de Muertos el pretexto perfecto para reunir música, gastronomía, tradición y convivencia.
La ambientación estuvo muy bien cuidada: una ofrenda monumental, catrinas de gran formato y distintos spots fotográficos que nos invitaban a detenernos para llevarnos una buena imagen de recuerdo. También encontramos un espacio tipo cementerio dedicado a figuras de la música mexicana como Silvestre Vargas, Cuco Sánchez, Rubén Fuentes y Pepe Guízar, un detalle que le dio un sentido especial a la temática del festival.


Uno de los espacios que más llamó nuestra atención fue la instalación de teléfonos, donde podíamos simular una llamada a esas personas que ya no están con nosotros. Fue una de esas experiencias que nos hicieron bajar un poquito el ritmo de la fiesta y recordar que el Día de Muertos también es eso: mantener presentes a quienes siguen acompañándonos desde la memoria.
Pero, por supuesto, no todo fue nostalgia. La propuesta musical fue uno de los grandes atractivos de la noche y nos permitió recorrer distintos sonidos sin salir del mismo festival. Desde las primeras presentaciones con Moy Bobadilla y su energía sobre el escenario, hasta la llegada de Mi Banda El Mexicano, que nos regaló uno de esos momentos en los que resulta imposible quedarse quietos. Bastaron los primeros acordes de «Ramito de Violetas» para que el baile se apoderara del público.
Más tarde, Los Ángeles Azules demostraron por qué son una agrupación que atraviesa generaciones. Desde Iztapalapa llegaron con esa colección de clásicos que prácticamente todos conocemos y que convierten cualquier espacio en una pista de baile. Fue uno de esos momentos en los que no importa con quién llegaste, porque seguramente terminaste cantando o bailando junto a alguien más.


La noche continuó con Lenin Ramírez, quien puso el ambiente con sus éxitos, y Grupo Duelo, que nos llevó por el lado más romántico y nostálgico del regional mexicano. Entre canciones coreadas a todo pulmón y recuerdos que inevitablemente acompañan ciertas melodías, el festival seguía demostrando que su cartel tenía propuestas para distintos gustos.
Alfredo Olivas fue el encargado de cerrar la jornada y vaya manera de hacerlo. Su presentación ya prometía ser uno de los platos fuertes, pero la noche todavía tenía un par de sorpresas reservadas. La aparición de Julión Álvarez y Edén Muñoz como invitados especiales elevó la emoción del público y nos regaló uno de esos momentos que difícilmente se planean, pero que terminan convirtiéndose en los recuerdos más comentados de un festival. Tres grandes exponentes del regional mexicano compartiendo escenario en una misma noche: definitivamente, un cierre de lujo.
En el apartado técnico, también nos llevamos una muy buena impresión. La producción fue bastante sólida, con escenario de gran formato, una propuesta visual atractiva y un audio potente que permitió disfrutar las presentaciones. Durante nuestra experiencia no percibimos fallas que interrumpieran el desarrollo del festival, algo que se agradece especialmente en un evento de esta magnitud y con tantas horas de actividad. Si tuviéramos que señalar un área de oportunidad, sería incorporar un poquito más de señalética para facilitar los recorridos y ubicar con mayor claridad los diferentes espacios y servicios.


Cuando nos dimos cuenta, ya eran las primeras horas del lunes 2 de noviembre. Lo que comenzó como una salida para disfrutar música terminó convirtiéndose en una jornada de muchas horas, canciones, fotografías, comida, baile y momentos compartidos. Y quizá ahí estuvo uno de los mayores aciertos de Ánimas Que Sí Amanezca: entender que el Día de Muertos no solamente se vive desde la solemnidad, sino también desde la alegría de celebrar todo aquello que nos dejaron quienes ya no están.
Nosotros ya estamos haciendo espacio en el calendario para la siguiente edición. Porque si algo nos quedó claro después de esta noche es que hay fiestas que merecen repetirse, y ojalá Ánimas Que Sí Amanezca se convierta en una tradición más para Guadalajara.
¡Que sí amanezca siempre!
Fotografía: Cortesía Karla Arroyo PR